Del arrepentimiento no se dice mucho
sólo el silencio tiene oídos para escucharlo
si lo caminas con los pies descalzos,
o desnudo…
Nada como un día de gloria. Habíamos finalmente recibido el ansiado refrendo económico que caracteriza la ruda y viril labor diaria en un despacho de arquitectura.
Además de eso, en menos de 24 horas estaría viajando a Canadá. Contaba ya las horas y los minutos para salir.
En medio de esos planes Konrad sugirió algo distinto a su característico “no gracias, yo acá me quedo, no voy a salir a comer”. Ese toque cotidiano se vio convertido en un “¿porqué no comemos en lugar que valga la pena?, digo, creo que nos lo hemos ganado después de 3 meses sin cobrar y mal comer…”
Hubo sugerencias de inmediato, todos tomamos como propia la propuesta y en menos de 10 minutos ya estábamos en camino de una de las mejores tardes que habíamos pasado en mucho tiempo. Ya casi no recordaba esos días de milonga que se dan con los amigos y con los buenos partners. Ese día, no lo sabíamos, pero sería recordado como una de las mejores tarde en tan perfecta compañía.
El recorrido se había hecho corto con el entusiasmo de sentirnos recobrando el camino que nos habíamos trazado esa semana, el cobro del dinero adeudado aunque no nos volvió más felices, nos volvió en ese momento, más solventes, cosa difícil en estos días aciagos.
Al llegar fuimos bien recibidos y llevados a la planta alta, cerca de una brisa de ciudad que cruzaba con sonidos de ajetreo que se fueron apagando conforme fuimos pasándolo mejor.
Escogimos nuestro menú y necesitábamos una bebida que le acompañara, tomamos un par de sugerencias del maitre y decidimos probar un vino español crianza, de cosecha joven. Konrad pidió que yo hiciera los honores y aprobara el vino, el vino fue servido en mi copa y comencé el ritual: mientras movía la copa para ver el color, el cuerpo y sentir el aroma, tuve un entrecejo de duda, no estaba seguro de que ese fuera el vino correcto para compartir con mis partners del laburo, fue en ese momento que Konrad dijo algo que me recordó a las palabras conciliadoras que solía decirle John Lennon a Paul Mcartney en los instantes en que Paul llegaba a dudar de si mismo, en esos días en que el cuarteto de Liverpool hacia las cosas sin saber a dónde llegarían. Konrad simplemente dijo al ver que el vino resbalaba suave por las paredes de la copa “sí pega, sí pega” en el mismo tono de John y con la misma templanza que hacía que Paul recobrara la calma y la certeza de sus actos, lo recuerdo bien, fueron esas palabras y sentí la tranquilidad de nuevo de estar escogiendo el vino correcto. Y así fue. Comenzamos una milonga larga en una tarde breve, en un momento en que yo no sabía qué pasaría con mi viaje, cómo estaría, qué sitios nuevos conocería. Esa tarde Elsy, Bernardo, César, David, Konrad y yo pasamos lo que pocas veces se da cuando lo buscas: Armonía Cósmica.
Cuando salimos del sitio aún el regreso a nuestra sede fue breve, la distancia de nuevo fue corta en percepción, llegamos a cumplir de nuevo con nuestras obligaciones y después de ellas volvimos satisfechos a casa, con una misión más cumplida, pero ahora con una extensión que hacía que nuestra alma ese día estuviera serena. Esa noche no dormí, esperé por horas a que amaneciera, tenía las maletas hechas, mis hijas esperaban también impacientes el momento de partir al aeropuerto, lo hicimos y debo decir que me sentí satisfecho con mi insomnio y con mi vida en el momento en que mis hijas abrazaron a su madre y le dieron tantos besos que tuve que grabar ese momento en mi memoria como si estuviera grabándolo en piedra. Ese instante quedó registrado para siempre en mi cerebro; lo demás que sucedió es historia, momentos que sucedieron y que siento que aunque pasaron, ahora son parte de mi como si fueran bloques que van formando una muralla y un camino. Puedo decir que después de todo esto, muchas cosas empezaron a cobrar sentido.
Un abrazo a todos los que nos acompañamos ese día milonguero, de bifecitos, de 6 botellas de vino, de vodka, de taxi de vuelta a casa.
En honor al reto convocado por Bernardo y apoyado por Konrad y por mi, para escribir un relato de terror, les dejo aqui la primera de trece partes, que no me sucedió a mí, pero que le sucedió a alguien muy cercano…
Chapter I / XIII
-Que te pasa? Ya párate!, deja de dormir, ya son las 6 de la mañana, es hora
de irnos!!!, ¿porqué te quedaste dormido??
-yaa!! Déjame dormir, no sé, no recuerdo, tuve un sueño muy extraño anoche y me siento muy cansado …
-Que sueño ni que ocho cuartos…ya levántate, se nos hace tarde para empezar la jornada, hay que sacar a los animales y llevarlos a pastar, o vendrá mi tía y verás que no te lo pide por la buena…
-bueno ya, dame 10 minutos más y estoy contigo ayudándote…
Lorenzo no espero los 10 minutos, salió de la habitación y regresó con un balde de agua que le vació a Bernardo sin dudarlo, ya conocía las pocas pulgas de su tía y la forma en que hacía cumplir las órdenes que ella daba. De un brinco salió de la cama, entre mentadas de madre y maldiciones con amenazas; de un manotazo empujó a su compa y empezó a vestirse aun con parte de su ropa mojada porque sabía que en el fondo tenía que estar agradecido, si la tía llegaba y no estaban aún trabajando el castigo que tendría sería ejemplar, como todos los castigos de su tía.
La tía Ramira era una mujer ejemplar, había enderezado la vida de todos sus sobrinos, de primos, y de los hijos de los hijos de ellos. Todo aquel que había tenido algún problema siempre había sido ayudado por ella, jamás a nadie le negó su ayuda; y a muchos los sacó de situaciones fuertes, de la cárcel, de embargos, de morir en alguna venganza por pleitos de cantina, eran incontables las historias que de ella se decían; pero solo pedía una cosa a cambio: Lealtad y cumplir sus órdenes al pie de la letra, ponerse rebelde y tratar de resolver una faena de forma diferente a como ella la pedía era motivo de escarnio, de regaños y peor aún, de castigos. Jamás tuvo hijos, al menos vivos, todos los niños que intentó procrear murieron antes de la fecha final del parto, por una semana, dos semanas, o el día que nacían al dar a luz morían. Lo intento 20 veces y nunca pudo. Su esposo, Don Jacinto, que todo el mundo recuerda y que al pronunciar su nombre siempre era seguido por cualquiera que lo recordara de un “que en paz descanse”, murió de tristeza, pero jamás se quejó de su esposa ni de la situación con los no nacimientos. Siempre fue de pocas palabras, incluso momentos antes de morir lo último que le dijo a la tía Ramira fue un simple “allá te espero”, lanzó una mirada a un punto fijo de la habitación y murió unos minutos después. No volteo a ver la tía Ramira porque no quiso que ella lo viera a los ojos al momento de partir, quiso irse con la esperanza de que no iba a estar solo mucho tiempo. Ya encontraría la muerte el momento para llevársela con él.
Años habían pasado desde la muerte de Jacinto.
Muchos años en los que la gente recordaba solo bonanzas en las tierras de la tía Ramira, aún cuando hubo sequías en otras tierras la suya había sido siempre fértil.
Bernardo era el más pequeño de toda la familia. El más joven de toda la camada de nietos de la tía Ramira. Pero también el más relajado para las labores cotidianas del campo. Odiaba levantarse temprano, aborrecía el olor de los animales.
Un día Bernardo tuvo que ir a unos encargos de su tía. Así lo hizo, tanto que a su regreso comenzó a oscurecer…
Chapter II / XIII
Al momento de caer la noche en su camino no sintió nada en particular, las sombras eran las habituales, hasta el momento en que encontró un gato negro en medio del camino, la oscuridad apenas permitía verlo, pero la yegua en la que iba montado se detuvo y se negó a dar cualquier paso. El gato lo veía impávido, y cuando él trató de bajarse de la montura el gato lo miró se volteó y comenzó a pronunciar palabra y después unos chillidos que eran más que infrahumanos y parecía salir del fondo de un agujero, los ojos del animal brillaba y fuego parecía salir de sus ojos, la yegua se levantó atemorizada y lo tiró dejándolo con el terror en la mirada, el gato volvió a girar y brinco por encima de él, Bernardo trato de levantarse y correr, pero las piernas no le respondían, parecía que las tenia desarticuladas, apenas si las sentía, y eran incapaces de generar movimiento alguno. El gato negro giraba rápido en torno a él, de la yegua apenas se escuchaban algunos relinchos y sus cascos golpeando las piedras del camino, corría sin destino despavorida. La voz del gato era profunda y firme, y repetía su nombre una y otra vez “Bernardo qué haces? A dónde vas? Yo te llevo -le decía- , yo te llevo a tu destino…”
Después de ver “mi” foto publicada en el blog de El Konsejero no tuve más remedio que buscarme a “mi mismo”.
Fernando Pessoa, nacido en Lisboa, Portugal, el 13 de junio de 1888. Muere el 30 de noviembre de 1935 a los 47 años de edad; victima de cirrosis en el hígado.
Al terminar de leer estos datos comenzó a intrigarme más, mi relación con el número 13 también se veía relacionada con su nacimiento. Salí a buscarme un libro de él. El librero al que pregunté me dijo que solo tenía uno que se llamaba “el libro del desasosiego” –nada como un buen título- respondí.
Compré el libro y me di a la tarea de leerlo. Esperaba terminarlo para poder dar una respuesta al comentario de mi parecido con él. Nada. La respuesta esperaría: 500 páginas de Bernardo Soares, semi - heterónimo de Pessoa, me detendrían un poco para dar una respuesta (Pessoa decía que no era su vida la que narraba en este libro, sino una simple mutilación de ella).
Evidentemente el parecido físico no sería en nada literario, eso lo tenía más que claro. Sin embargo la curiosidad que siento ahora por este escritor ha incrementado exponencialmente. He venido leyendo el libro desde el sábado y veo largo mi camino, aunque he podido rescatar, de lo poco que he leído, frases que sin duda resumen una acertada contradicción:
“Soy un puente que conecta lo que no soy a lo que no quiero”
Pessoa es un escritor que te hace sentir hipócrita si lo lees superficialmente, para poder leer este libro he sentido la necesidad de leerlo en soledad para acompañar la soledad que me provoca su lectura, he tenido que esperar la lluvia para leer las partes en donde la lluvia es el personaje y la sábana que cubre su cuerpo. Mi búsqueda de Fernando Pessoa ha provocado encontrarlo en cualquier parte, como si fuera un número pintado en todas partes y que mi mente lo ubica adonde sea que volteo, 13 monedas en la bolsa, 13 calles a la ventana azul de tu cuarto, hoy martes 13, 13 viajes en el metro… todo, 13 veces 13… incluso Pessoa comenzó este libro inacabado e inacabable en 1913. La vida explica la obra tanto como la obra explica la vida. Se contienen mutuamente.
Bernardo Soares, prosista que poetiza, soñador que razona, místico que no cree, decadente que no goza, Pessoa inventó el mejor autor posible, pero no solo el único. Pessoa inventó en si mismo varios heterónimos, y debo decir algo, me ha costado detenerme en esta búsqueda.
Fernando Pessoa vivió la mayor parte de su vida en Durban, Sudafrica (desde los 5 años). En 1905 regresó a Lisboa. Estudió fugazmente literatura y comenzó a ganarse la vida como empleado de oficina. En 1934 apareció Mensagem, único libro que publicó en vida.
Minado por la cirrosis, Pessoa murió al año siguiente. No dejó descendientes, bienes ni testamento. Su certificado de defunción decía simplemente "Escritor".
Dejó un amor: Ophélia Queiroz.
Finalmente les dejo una frase, con la que puedo decir, me identifico plenamente y que también seguramente, describe la vida de Fernando Pessoa:
“Mi vida es como si me golpearan con ella”
No recuerdo cuándo, solo lo recuerdo, pero quizás tenía 19 o 18 años, me gustaba caminar en las calles donde están los libros de viejo, tal vez alguno de ustedes recuerde o conozca el sitio. No diré que era un día lluvioso, lo que sí recuerdo es haber encontrado un libro que se llamaba “El libro de los gatos habilidosos del Viejo Possum” lo hojee y en unos minutos unas páginas me cautivaron con una idea que desde entonces no me abandona. Leí despreocupado algo que no olvidaría con el paso de los años. El texto que T.S. Elliot proponía hablaba de los 3 nombres del gato, el primero, el de uso diario básicamente era el que llevábamos de nacimiento, podría ser Ramón o Pedro, en fin, un nombre razonable; y era con el que nos llamaban en la casa.
El segundo, podía ser uno más bonito o con mas personalidad, más peculiar o más digno, y es con el que comúnmente nos llaman nuestros amigos, Paco en vez de Francisco, Gabo, en vez de Gabriel.
El tercero llamó poderosamente mi atención porque me he dado cuenta, con el paso del tiempo, que es un nombre secreto, uno que nunca decimos y uno que nunca podrás adivinar. El tercer nombre del gato, como diría Elliot, es como él se llama a sí mismo. Es con el que hacemos muchas cosas todos los días, es como nos vemos a nosotros mismos y que regularmente tememos o guardamos recelosamente. Es con el que cruzamos corriendo una calle, es con el que conquistamos a una mujer barroca de ojos dorados o dulce de ojos grises. Es el nombre con el que nos sabemos poderosos e ilimitados.
Todo esto lo vine pensando desde que leí el relato de un amigo, bajo el titulo “02 11 09”. Al final de un muy buen relato, las felicitaciones (incluyendo las mías) no se hicieron esperar.
BK: “Has pensado en escribir en lugar de ser arquitecto mano? De todo lo que te he leído, me parece que esto es lo mejor…”
KW: “…he pensado en hacer cualquier otra cosa para dejar de hacerle al arquitecto, mas me pierdo en el intento, y me aferro a este tormento…“
Por supuesto después de esto me pregunté: ¿y por qué no?
Sinceramente espero que todos los que sentimos que estamos haciendo algo acertado pero que tenemos habilidad para hacer algo más lo hagamos. Hace 500 años el hombre renacentista públicamente tenia pensamientos que eran independientes e individuales que hicieron que evolucionaran las ciencias y las artes.
Habilidad: Capacidad y disposición para algo.
Decisión: Determinación, resolución que se toma o se da en una cosa dudosa.
Una amiga una vez me dijo: No hay decisiones buenas ni malas, simplemente hay decisiones. ¿Así que por qué no intentarlo?
Les dejó este video con una sección de la película The Matrix, donde Neo (el personaje principal del filme), comienza a creer que puede lograrlo.Al final del video el agente Smith llama a Neo con su nombre de esclavo, y el lo corrige diciendole quien es realmente "my name is... NEO...!"
Recordé otro poema de Brecht, que también me gusta mucho. Se los dejó aqui, estoy seguro que lo disfrutarán.
Die Pflaumen waren geernet.
Und wenn Du mich fragst: “Was geschah mit jener Liebe?”
Dann antworte ich Dir: “Ich kann micht nicht erinnern,
Aber auch so, es stimmt, weiss ich, was Du meinst.
Los ciruelos habrán sido arrancados
y si me preguntas ¿qué fue de aquel amor?
entonces te contesto: no consigo acordarme,
pero aún así, es cierto, sé a qué te refieres.
Bertolt Brecht
Hoy no cabe duda que es un día de sorpresas, ingratas como gratas. De camino a mi fascinante trabajo escuche lo que no oía desde hace algún tiempo: La voz intensa y expresa de Ute Lemper, mujer dueña de una armonía vocal singular y de una presencia escénica tan fuerte como pocas, comparada con Marlene Dietrich (mi primera referencia antes de oir a Ute) y con Edith Piaf (dueña de una voz tan hermosa que te transporta a Francia apenas la escuchas). Ute se ha visto reflejada en ellas pero ha creado su propio estilo, su propia gestualidad y su sentido del fraseo, y es ahí a donde quiero llegar. Lejos de amaneramientos Ute se ha venido definiendo y alejando (sin quererlo) de Kurt Weill, y acercando (quizás aquí si queriéndolo) a Bertold Brecht, uno de mis escritores favoritos y que recuerdo mucho no solo por sus lecturas, sino por un poema que alguna vez me regaló Verónica (o veraicona, como ella misma se llamaba), y que pondré al final a manera de recuerdo.
Seguiré con Ute Lemper.
Weill y Brecht tuvieron diferencias irreconciliables, el primero por la importancia que daba al aspecto musical y el segundo por el fuerte sentido que daba al texto y al mensaje. Ute se ha congraciado más con Bertold Brecht al enamorarse perdidamente de los sonidos de las palabras que interpreta, que de la música que la envuelve. Ella con su presencia y fraseo le da sentido nuevamente a la palabra elegancia. Su congruencia personal y política le ha ganado volverse el símbolo de la mujer que dice lo que quiere cuando quiere, pero que por sobre todo, siente y vive. Y lo expresa perfectamente en cada ocasión que pisa un escenario. El día de hoy canta en un bar de la colonia Polanco. Diría que voy a verla, pero la carestía ha mermado mis bolsillos. Sin embargo aún puedo llegar a casa, prepararme una pasta alemana, abrir una botella de vino y colocar en el ambiente el único disco que tengo de ella, por cierto, un regalo de Verónica.
Pondré para terminar el poema que alguna ocasión me dedicó (les recomiendo que vean el video en tanto terminan de leer, o mejor aún, regresen y leánlo de nuevo).
“Der, den ich liebe
hat mir gesagt,
dass er mich braucht.
Darum gebe
ich auf mich
acht sehe auf meinen Weg und
fürchte mich vor jedem Regentropfen,
dass er mich erschlagen könnte”
"Aquél a quien amo
me ha dicho
que me necesita.
Por eso
cuido de mí,
me fijo en mi camino y
de cada gota de lluvia temo
que me pueda matar"
Bertolt Brecht